Hubo una vez
un sueño, un deseo que llevaba años escondido, listo para salir y hacer de las
suyas. Esperando encontrar lo que fuera. Curioso.
Hubo una vez
un sueño que escapó, fue libre. Y navegó entre la vida durante varios años,
viviendo de todo. Creciendo, fortaleciéndose. Conociendo la alegría, la
emoción, la tristeza, el deseo, la
tranquilidad, la estabilidad, lo extraordinario, la belleza, la
exageración, la exasperación.
Un sueño que
tuvo todos los caminos abiertos y que se aventuró a explorar todos y cada uno.
Esquivando las peores piedras, saltando los baches más profundos. A veces,
porque no decirlo, rebasando un poco el límite de velocidad. Pero siempre
disfrutando el recorrido, imaginando que cada vez esperaría un paisaje mejor y
más claro.
Hubo una vez
un sueño, exigente. Que pidió a gritos un porqué. Que aprendió a ver lo mejor
de los demás, a perdonar y a pedir perdón. Que aprendió a ser humilde y a saber
entregar lo mejor de sí mismo, sin importar las circunstancias.
Un sueño que
en algún momento llegó a pensar, que no necesitaba nada más. Que podría haber
pasado la peor desgracia en el mundo y él seguiría feliz, en la gloria. Un
sueño que maduró. Que ya no seguía caminos, sino que se los forjaba él mismo.
Que ahora sonreía ante lo que fuera, porque sabía que todo estaría bien.
Siempre mirando el futuro. Siempre amando.
Un sueño que
supo compartir la mitad de sí mismo, porque irónicamente solo así lograría
estar completo. Pleno.
Más sin
embargo, hubo también un despertar. Que llegó para burlarse de la confusión de
pensar si en donde realmente quería vivir era en la propia fantasía, en vez de morir
en la realidad.
Sin duda
alguna, eres el sueño más hermoso que pude tener.
by Aro.