La chica con cabello de chocolate.
Hace mucho mucho tiempo vivía una chica muy hermosa y singular por una rara característica que los estudiosos de ese entonces no podían explicar. Tenía una cabellera lacia nada mas y nada menos que de chocolate. Cada fino cabello estaba hecho de él.
Todo mundo gustaba de ver pasar cerca a la chica pues su cabello llenaba el aire de un delicioso aroma a chocolate.
Y la gente la saludaba cordialmente todas las mañanas cuando salía a comprar al mercado.
- Buenos días, señorita Carolina, ¿cómo está usted hoy?
- Muy buenos días, señor. Y muy bien que me encuentro, he venido a comprar la leche de hoy para llevar a mi casa.
Y así se le podía ver paseando por el pueblo, comprando ropa, comida o solo paseando en los bellos atardeceres.
Le gustaba sentarse a la orilla del río y contemplar su cabellera en el reflejo del agua.
En sus momentos de reflexión se ponía a pensar en cómo el chocolate era para muchas personas un delicioso placer, que algunas veces iba acompañado de culpa. Y le impresionaba saber que ese placer la acompañaba siempre en la cabeza.
La gente moría por el chocolate.
Muchas veces había intentado buscar una pareja, pero cada vez que un hombre intentaba besarla, no podía resistir más el delicioso aroma y le terminaban intentado morder el cabello.
Esto la desesperaba y era por ello que en varias ocasiones prefería estar sola.
Sin embargo, tanto tiempo en soledad la estaba matando. Ella quería compartir su vida con alguien, pero quería alguien que no le quisiera comer su cabello cuando se acercara.
Una tarde, mientras paseaba por la orilla del río vio un joven intentando cortar una manzana de un árbol. Notó que mientras intentaba cortar el fruto, la pequeña bolsa que el muchacho había dejado en el suelo estaba resbalando por la orilla.
Ella corrió y logró detenerla.
- Gracias - respondió el joven sorprendido.
- Por nada - Respondió Carolina amable – ¿vienes seguido por aquí? No te había visto antes.
- No, vivo al otro lado del pueblo, pero he venido a cortar manzanas de este árbol porque dicen que están deliciosas y quiero comprobarlo.
Y así platicaron durante toda la tarde hasta el anochecer. Y no solo esa tarde, los siguientes cinco atardeceres se vieron ahí para platicar, bajo el mismo árbol.
Y también bajo ese mismo árbol se gustaron el uno al otro. Hasta esa tarde, en que el joven intentó darle un beso. Carolina sabía lo que podía pasar y estaba temerosa.
El joven se acercó lentamente y sus labios estaban a punto de encontrarse con los de ella. Podía percibirse el aroma del chocolate cuando Carolina llegaba a un lugar, pero al estar ahí, a escasos centímetros, el olor era sumamente delicioso y placentero.
El joven dejó de dirigirse a los labios de Carolina y se dirigió al cabello. Pero no lo mordió como los demás, en su lugar, acercó su nariz más y más, hechizado por el olor, pero consciente de lo que hacía y le dio un beso debajo del oído, en el cuello. Dio un último gran respiro y se separó de Carolina.
Ella, sorprendida por la sensación, única y diferente a cualquiera que hubiera sentido antes. Se quedó pasmada.
- ¿Cómo es que no has mordido mi cabello?
El joven, sonriente, cuyo sentido del humor era muy bueno simplemente respondió:
- No me gusta el sabor del chocolate, pero adoro su aroma :) .
Sonrió de nuevo. Y besó a Carolina fervientemente.
Algunas veces las soluciones a algún problema, son extrañas…
by Aro