sábado, 6 de agosto de 2011

La chica con cabello de chocolate.


La chica con cabello de chocolate.

Hace mucho mucho tiempo vivía una chica muy hermosa y singular por una rara característica que los estudiosos de ese entonces no podían explicar. Tenía una cabellera lacia nada mas y nada menos que de chocolate. Cada fino cabello estaba hecho de él.

Todo mundo gustaba de ver pasar cerca a la chica pues su cabello llenaba el aire de un delicioso aroma a chocolate.

Y la gente la saludaba cordialmente todas las mañanas cuando salía a comprar al mercado.

-          Buenos días, señorita Carolina, ¿cómo está usted hoy?

-          Muy buenos días, señor. Y muy bien que me encuentro, he venido a comprar la leche de hoy para llevar a mi casa.

Y así se le podía ver paseando por el pueblo, comprando ropa, comida o solo paseando en los bellos atardeceres.

Le gustaba sentarse a la orilla del río y contemplar su cabellera en el reflejo del agua.
En sus momentos de reflexión se ponía a pensar en cómo el chocolate era para muchas personas un delicioso placer, que algunas veces iba acompañado de culpa. Y le impresionaba saber que ese placer la acompañaba siempre en la cabeza.

La gente moría por el chocolate.

Muchas veces había intentado buscar una pareja, pero cada vez que un hombre intentaba besarla, no podía resistir más el delicioso aroma y le terminaban intentado morder el cabello.
Esto la desesperaba y era por ello que en varias ocasiones prefería estar sola.

Sin embargo, tanto tiempo en soledad la estaba matando. Ella quería compartir su vida con alguien, pero quería alguien que no le quisiera comer su cabello cuando se acercara.

Una tarde, mientras paseaba por la orilla del río vio un joven intentando cortar una manzana de un árbol. Notó que mientras intentaba cortar el fruto, la pequeña bolsa que el muchacho había dejado en el suelo estaba resbalando por la orilla.

Ella corrió y logró detenerla.

-          Gracias - respondió el joven sorprendido.

-          Por nada - Respondió Carolina amable – ¿vienes seguido por aquí? No te había visto antes.

-          No, vivo al otro lado del pueblo, pero he venido a cortar manzanas de este árbol porque dicen que están deliciosas y quiero comprobarlo.

Y así platicaron durante toda la tarde hasta el anochecer. Y no solo esa tarde, los siguientes cinco atardeceres se vieron ahí para platicar, bajo el mismo árbol.
Y también bajo ese mismo árbol se gustaron el uno al otro. Hasta esa tarde, en que el joven intentó darle un beso. Carolina sabía lo que podía pasar y estaba temerosa.

El joven se acercó lentamente y sus labios estaban a punto de encontrarse con los de ella. Podía percibirse el aroma del chocolate cuando Carolina llegaba a un lugar, pero al estar ahí, a escasos centímetros, el olor era sumamente delicioso y placentero.

El joven dejó de dirigirse a los labios de Carolina y se dirigió al cabello. Pero no lo mordió como los demás, en su lugar, acercó su nariz más y más, hechizado por el olor, pero consciente de lo que hacía y le dio un beso debajo del oído, en el cuello. Dio un último gran respiro y se separó de Carolina.

Ella, sorprendida por la sensación, única y diferente a cualquiera que hubiera sentido antes. Se quedó pasmada.

-          ¿Cómo es que no has mordido mi cabello?

El joven, sonriente, cuyo sentido del humor era muy bueno simplemente respondió:

-          No me gusta el sabor del chocolate, pero adoro su aroma :) .

Sonrió de nuevo. Y besó a Carolina fervientemente.


Algunas veces las soluciones a algún problema, son extrañas…

                                                                                           by Aro

lunes, 1 de agosto de 2011

Morir en vida para vivir en la muerte.

 Morir en vida para vivir en la muerte.

Elizabeth miraba el cielo estrellado
añorando la llegada del día,
en que su príncipe siempre soñado
la salvara de aquella vieja profecía.

“El amor no vivirás,
mientras el hechizo de la bruja siga.
Para romperlo deberás
el corazón del hombre indicado atravesar con una espiga”.

“Nunca encontraré el amor”.
Pensaba la bella dama en agonía.
“Aunque rompa el hechizo con rigor
mi príncipe sin corazón simplemente moriría".

Así pasaron los días, hasta un amanecer neblinoso.
Apareció a lo lejos la figura,
de un hombre misterioso
que a la chica miraba con mucha ternura.

"He escuchado del hechizo,
bella princesa mía,
y he venido advenedizo,
a morir por su amor con valentía."


La bella Elizabeth lo miró tiernamente.
Y a primera vista cayó enamorada.
“Oh, por favor no sea imprudente,
que si muere usted, mi vida no sería nada”

“Escuche bien princesa,
su hechizo sin romper de todas formas me mata.
Si quiero unir su alma con la mía,
liberarla antes debo de esta maldición que la ata”

“Tome esta dura espiga,
Y con sus suaves manos atraviese,
este corazón que con fatiga,
arde porque su muerte empiece”

Elizabeth, sabiendo que no había salida,
tomó con sus manos la espiga,
y apuntando al corazón del caballero
le dibujó en el pecho un pequeño agujero.

El caballero sangrante cayó en la arena,
mientras Elizabeth lloraba con pena.
Se había roto su condena
pero ahora ya nada valía la pena.

Sin embargo ahora ella sabía una cosa,
su muerte esperaría airosa,
para por fin poder estar
con el amor que siempre quiso atesorar.

                                                                             for: of the light.
                                                                             by Aro.